Hueco VII

Qué pájaros te salen de la boca
cuando me invitas indulgente
al temerario sacrificio cotidiano
de enrolarme a la deriva con tu sombra
en este beso piadoso y secuestrado
del que a diario pagamos un rescate
en las fronteras del amor
a los mercaderes de sueños,
a los contrabandistas del terror
y a los traficantes del bien.
Qué pájaros te salen de la boca
cuando ellos incrustan pólizas y aranceles,
cheques, cuentas y balances generales,
cuando argumentan como Dios las ventajas
o los inconvenientes de llegar a ser
lo que nunca nadie ha sido;
apaciguan violencia y sexo contra toda duda
y, más aún, contra todas las estadísticas,
y erigen estatuas vanas para que su memoria
administre esa única historia donde los muertos
ya no esgrimen ante el mundo sus heridas
ni se repiten sus ecos más de una vez.
A ti te salen pájaros de la boca
cuando gritas y cuando besas.
Y a mi me gusta que así dure y así sea.
Yo los pongo a volar afilados en mis labios
antes de que vuelen para siempre
hacia ese destino que siempre ensayamos
al pie de la letra, con prodigiosa exactitud,
mucho antes de escribirle la novela.



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