Salta



Lobo, o saltas ya, o ahí te quedas. En este río apacible donde es tradicional que los sueños se ahoguen, justo entre una roca y otra, toda distancia es espejo, cualquier caricia es lejana, y la victoria nunca se gana antes de cumplir la promesa de haber brincado bien alto, y como Dios siempre manda, sobre toda la mierda. No te manches y salta. Porque o saltas o te quedas. Esa es la ley suprema. La apuesta por dejarse llevar entre dos vacilaciones, entre un silencio o dos, la apuesta en general entre el alejamiento forzoso y el subterfugio imbécil, te abrirá la boca del lobo como tumba de la esperanza ante cualquier horizonte perfectamente construido. Lobo, por favor, o saltas ya o ahí te quedas. Recuerda mentir bien; algún día deberás argumentarle a alguien piedras en el riñón y para eso te remitirás a la idiotez sublime de que el hecho de haber nacido puede explicar algo.