Todo el día



Todo el día esa cara. La misma cara. Todo el rato esa nada, esa cosa. Porque algo así solamente es una cosa. Un objeto. Algo. Es un cuchillo en la nuca, un hueco aquí, justo en esta costilla, debajo de la soledad, una responsabilidad de cállate cállate joder no digas nada que va a ser peor, muchísimo peor. Todo el día esa cara... Vale. Asumo esa ceja. El mismo rostro fruncido al servicio de una basura de culpa, ese vertedero del amor. Ese voto de castidad todo el rato, que equivale -créeme- a decir toda la vida. Toda la muerte esa cara. Esa arruga permanente casi. Y todo dentro de un corazón que no aprende sino a jugarse la vida, que a diario se envuelve listo para llevar y que, a pesar de esa cara, late.