El dedo



Hace una semana me corté un dedo mientras hacía obras en esta oficina. Sangrando, lo metí en el frigorifico, fui a curarme y usé su sangre para condimentar mi nuevo libro de poemas, que por fin ya he dado al editor. La amputación causó en esta O.O.Ps. un revuelo al que no le di mayor importancia, pero recuerdo que incluso hubo quien no se cortó al intentar añadir chantaje emocional y sentimientos de culpabilidad al dolor que ya sentía por el corte digital. Como ya no sangra y, sin ofender, porque me da la gana, vuelvo a coserme el dedo y aquí lo entrego como objeto perdido ya recuperado, y como regalo para los que entonces me entendieron y para los que no.



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