El precio de mi trabajo



No estoy en venta por un contrato de trabajo. Como mucho me alquilo por unas horas, y no todas mis energías ni todas mis facultades, sino parte de ellas, es decir, las contratadas. Cuando usted adquiere una máquina, está claro que ha pagado por ella para que ésta funcione al 100%, pero también es verdad que le aplica un mantenimiento, unas reparaciones, unas actualizaciones y, por tanto, se gasta periódicamente un capital en ella. ¿Por qué a los trabajadores no les presta ni siquiera esa mínima atención? En función del incremento anual de precios (IPC) y de mi antigüedad en su empresa, por mi contrato usted ha dejado de pagar, por lo menos, el 30% del salario que me corresponde (plusvalías y teorías a parte). Evidentemente, estoy perdiendo poder adquisitivo, lo que equivale a decir que me está bajando el sueldo un año tras otro. Por tanto, en esta situación, y ante su negativa al diálogo, no tengo otro remedio que trabajar al 70% de mi capacidad y potencia.