Haití: el fin de un gobierno vudú



Como ya hizo el dictador Jean-Claude Duvalier en 1986 (gracias a un avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos), es ahora el presidente-sacerdote Jean-Bertrand Aristide quien ha abandonado Haití (escoltado al aeropuerto por guardias estadounidenses fuertemente armados), lo que significa que EEUU se ha decidido a reinventar uno de sus tradicionales gobiernos-títere, quien sabe todavía si desde una nueva dictadura satélite clásica, tipo tontons-macoutes, o bien desde la imposición de otra democracia vudú de la que George Bush pueda sacar provecho electoral. Tal y como van las cosas en Iraq, y ante unas elecciones nacionales que de momento se le ponen difíciles, Bush no llega a tiempo de colgarse las medallas de una "democratización" en su política exterior; como en 1994 para Clinton, Haití reaparece diez años después en el escenario político internacional con idéntico objetivo para Bush, o para Kerry, que en este caso es lo mismo: lavar la cara sucia, y las manos sangrientas, del gobierno del imperio ante sus electores.

La historia de este pais caribeño, que el pasado 1 de enero celebró el 200 aniversario de su independencia, es la historia de la lucha contra el imperialismo español, francés y estadounidense. Haití padeció una brutal administración colonial francesa, luego los sátrapas (una de cuyas expresiones modernas fue la familia Duvalier), la connivencia de las dictaduras con el ejército y las bandas paramilitares al estilo de los tonton macoutes. El 80% de los haitianos son pobres, los índices de analfabetismo y mortalidad son de los más altos del mundo y la corrupción es comparable sólo a la de otros dos países: Bangla Desh y Nigeria. El cinco por ciento de los habitantes es portador del SIDA y 30 mil personas mueren anualmente de esta enfermedad. La esperanza de vida es 15 veces más pequeña que la de la República Dominicana. La violación de los derechos humanos, la violencia en contra de la mujer y la impunidad son parte del paisaje.

¿Quién se acuerda ya del la “Operación Restaurar la Democracia”, lanzada por Bill Clinton en septiembre de 1994? Casi nadie. En aquella época, se me encargó un estudio en la universidad que examinara, desde el seguimiento de los medios de comunicación, el proceso de justificación de una intervención militar de Haití por parte de EEUU aplicando las tesis que Noam Chomsky y Edward S. Herman argumentan en el libro "Los guardianes de la libertad". Sin tener la batalla ganada ante la opinión pública, Clinton ordenó finalmente que sus tropas desembarcaran en la isla para reinstalar al depuesto Aristide, quien había sido sacado del poder tres años atrás por un sangriento golpe militar. Ante el mundo, esto apareció como un gesto noble y, de hecho, la opinión pública norteamericana cambió a favor del gobierno de Clinton... ¡en tan solo un día! Lo que hizo en realidad EEUU fue devolver el poder a un hombre acusado repetidas veces de ser un corrupto y un traficante de droga, que había logrado ponerse la máscara de un demócrata izquierdista ante todo el mundo gracias a la inestimable ayuda de Estados Unidos. Todo un trabajo de ingeniería política y propaganda.

Durante la ocupación, los marines de Estados Unidos aprovecharon para reprimir a las organizaciones de obreros y campesinos. A través de la CIA, financió y ayudó a los antiguos líderes del golpe y a los miembros del antiguo régimen de Duvalier. A nadie le extraña ya que Clinton recolocara al presidente-sacerdote con la condición de que abandonara su retórica y las reformas propuestas, que se alineara con los intereses de EEUU y finalmente aceptara las exigencias del FMI y del Banco Mundial.

Diez años después, la economía haitiana está en ruinas, la gente pasa hambre, hay secuestros y asesinatos, y el flujo de cocaína se ha incrementado. Además de padecer las elecciones fraudulentas del que se proclamó un demócrata, los traficantes son encarcelados para ser puestos en libertad solo unas horas más tarde, los periodistas son perseguidos y eliminados. Como ya hizo Duvalier, Aristide solía viajar con sus propios matones armados y propugnaba zonas de exportación con sus bajos salarios y la ausencia de sindicatos a lo largo de la frontera con la República Dominicana: centros de trabajo en condiciones de extrema explotación para los haitianos. Todo el mundo sabe que, hoy en día, el pobre cura pobre ya es billonario.

Con todo, una nueva ocupación militar de Estados Unidos ha comenzado, a la que Francia se ha sumado esta vez al más puro estilo del trío de las Azores: sin esperar a una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, ya que había proyectado con antelación que hoy mismo enviaría 200 soldados con el objetivo de "pacificar" la isla. Según informan hoy los medios de comunicación, un responsable del Pentágono anunció ayer, horas después de la huida de Aristide, que un cuerpo expedicionario de 200 marines iba a partir de inmediato hacia Haití "como parte -insistió- del contingente de una fuerza multinacional" y destacó que varios países habían mostrado su predisposición a participar en estas tropas de pacificación; que esperaba obtener "apoyo internacional" mediante una resolución de la ONU que avale una "transición pacífica". Por la noche, solamente unas horas después, con el visto bueno norteamericano, el Consejo de Seguridad aprobaba el envío de una fuerza multinacional para "estabilizar" Haití.

El silencio del gobierno español
Por otra parte, me llama mucho la atención que España (pais que en los últimos años ha donado millones de euros a la "Misión Especial para Fortalecer la Democracia en Haití" (vía Organización de los Estados Americanos-OEA), no se haya pronunciado al respecto ni se pronuncie tampoco en la actualidad en relación con la violación de derechos humanos en Haití; mientras, Aznar sigue llenándose de hipócrita gloria y santidad, con argumentos pueriles, en la justificación de su particular lucha contra el terrorismo y las invisibles armas de destrucción masiva en Iraq. De hecho, a fecha de hoy, el gobierno español no ha manifestado su intención de unirse a las tropas de "pacificación" de la ONU en Haití; del globo sonda a la bomba política, todos los ministerios están demasiado entretenidos en prender mecha de todo tipo de informaciones relacionadas con ETA que les permitan repetir la mayoría absoluta en las elecciones españolas del 14 de marzo.