La extinción de las acequias



La jugada consiste en secuestrar el tiempo que desperdician todos los políticos del mundo, en no dejar huellas al arrancarles la correa, guardar todo en secreto hasta que les falte el aire y pedir un rescate que no se pueda pagar con oro.




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El 'derecho' a contaminar



Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), causantes del efecto invernadero, han crecido en España por encima del 40% sobre el nivel de 1990, de acuerdo con el inventario anual al respecto que hicieron público la semana pasada el sindicato Comisiones Obreras y el instituto Worldwatch; un nivel que supera el 15% fijado por la UE con el fin de no alejarnos de los acuerdos del Protocolo de Kioto sobre cambio climático. Del 2003 al 2004 el aumento se minimizó en un 0,7%, pero es preocupante que no se haya consolidado una tendencia a la reducción, ni mucho menos. Todo lo contrario.

Uno de los mecanismos para cumplir con Kioto es el mercado de emisiones de gases: no se obliga a las empresas a contaminar menos pero «se incentiva» a hacerlo, de forma que si emiten gases por bajo del límite que tienen establecido pueden poner en venta sus derechos a contaminar a otras empresas que lo necesitan y ganar dinero con esto. Qué peligro. Teóricamente, esta flexbilización del protocolo de Kioto tendría que tener unas repercusiones en la industria en cuanto a mejoras del medio ambiente que no acabamos de ver satisfechas. Ni de lejos. Comprobamos, en cambio, que el precio de la tonelada de dióxido de carbono duplica la cotización de principios de año… ¿Y por qué? Porque existe un aumento de la demanda de derechos de compra de CO2. Es decir: que las empresas “necesitan” contaminar más para mantener su crecimiento. Entonces, ¿algo no marcha bien, no?

Permitir a los países ricos unas emisiones superiores a las sostenibles no es ningún compromiso ecológico, y la injusticia no hace sino crecer tras la puesta en marcha del comercio de emisiones. No es menos injusto que esta flexibilidad otorgada al mercado de emisiones posibilite que, en países como España, sectores económicos que no tienen otro objetivo que forrarse a corto plazo pero que sobradamente pueden financiarse todos los excesos que deseen, hagan muy poco, por no decir nada, por cambiar su orientación energética hacia una mayor eficiencia y el desarrollo de energías limpias.




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En Re menor



Es como si la única verdad descubierta después del Onceme fuera que los homenajes a las víctimas mejoran con ambientación musical.




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Guarros



Ayer por la tarde vi cómo, en la calle, un taxista sacaba brillo a su herramienta de trabajo, un flamante y pulquérrimo BMW que ya de por sí brillaba sin necesidad de un aseo adicional por parte del jinete. Sin embargo, sirviéndose de un pañuelito de papel, el hombre se afanaba en los retrovisores, en las llantas, en los faros..., y vuelta a comenzar, como si la mirada de los viandantes pudiera manchar su estupendo carro. No sé cuánto tiempo llevaba ya el hombre en estos menesteres... Yo lo observé durante un par de minutos, mientras esperaba a un amigo, el tiempo justo para ver cómo finalizaba su faena. Con los brazos en jarra, se plantó satisfecho ante el BMW, después le dio un par de vueltas (el "por-si-acaso") y, para culminar su repugnante obra, lanzó al suelo el pañuelito de papel.




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Aznar, al Tribunal Penal Internacional






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